viernes, 2 de noviembre de 2007

Frankenstein

Estoy en un momento de mi vida en el que busco estabilidad en todas las direcciones posibles, en todos los aspectos de mi vida. El primer gran paso (porque los hay más pequeños) fue la independencia; el siguiente, la convicción de que los amores de verano se acabaron; el tercero, lograr estabilidad laboral, y así, de paso en paso, logro encontrar el centro. Claro que en lo afectivo es más difícil dar pasos y ver resultados en el corto plazo.
Luego de salir de una larga relación y de superar el rompimiento vinieron las etapas de vulnerabilidad respectivas, de descubrimiento, de aceptación, de ilusión, de fracaso, etc. Estuve involucrada en unas pocas relaciones, siempre cortas, siempre inestables. Ahora, viendo todo en perspectiva, me doy cuenta de que el gran problema era que yo buscaba “algo”, pero nunca sabía qué, buscaba a “alguien”, no a cualquiera, pero a un “alguien” no demasiado definido, abstracto, una imagen como borrosa, mezcla de pedazos de lo que me había hecho feliz de los otros, y así fui creando a mi propio Frankenstein, la imagen de un hombre hecho de retazos de muchos hombres. Un hombre casi perfecto: inteligente, de mirada profunda y tierna, comprensivo, curioso, entregado, generoso, etc., etc., etc., etc. Y claro, la búsqueda fracasaba y fracasaba, hasta que agoté las esperanzas y dejé de buscar.
Ahora, con la cabeza un poco más fría, estoy deshaciéndome de mi creación poco a poco, y eso realmente me ha liberado. Dejé de buscar, empecé a disfrutar otra vez de la soltería, los amigos, la soledad, el silencio y cuando se puede, la compañía.
Y claro, de vez en cuando, a lo lejos, diviso un oasis. Aparece alguien que me gusta, y cada vez es más fácil volver a sentir, (porque en algún punto pensé que había dejado de sentir, que nunca más volvería a hacerlo, y me asusté), y cada vez manejo mejor mis sentimientos si las cosas no funcionan. Vuelven a mí sensaciones olvidadas, y me doy cuenta de que no había un solo amor, de que seguramente habrá varios, diferentes, en intensidad, profundidad, pasión, duración, entrega…
Y empiezo a entender cómo reacciono y lo que busco, lo que espero de una relación, lo que no toleraría, lo que estaría dispuesta a ceder…
Así que despido de a poco a mi Franki… y la sensación me gusta…
Se acercan los 30.


3 comentarios:

Olivia dijo...

¡Se acercan los treinta! Horror. Y también se acercan con la certeza de que esta década pasada ha sido de mucho aprendizaje, abrumadora, terrible, pero sobre todo maravillosa, me gustó mucho tu post, lo bueno de crecer y de vivir es que con el paso del tiempo te vuelves más sabia y no tropiezas con las mismas piedras, al menos no del mismo modo. Um abrazo.

Darth Croxus dijo...

DEjar lo que una vez fue o creyó que fuera no es fácil, es como una muerte interna de la que solo los mas fuertes pueden renacer y volver a sentir el poder q se creyó una vez perdido...

Ojalá busques lo que encuentres.

Erika dijo...

no se si a los treinta o los casi 27 que me acompañan, pero definitivamente que alivio deshacerse de franki esa mezcla de ser inexistente y real, para dejarnos ser y dejar ser.