Uno se cree
que las mató
el tiempo y la ausencia.
Pero su tren
vendió boleto
de ida y vuelta.
Son aquellas pequeñas cosas,
que nos dejó un tiempo de rosas
en un rincón,
en un papel
o en un cajón.
Como un ladrón
te acechan detrás
de la puerta.
Te tienen tan
a su merced
como hojas muertas
que el viento arrastra allá o aquí,
que te sonríen tristes y
nos hacen que
lloremos cuando
nadie nos ve.
Pensé que vi a tu papá ayer al ver sus zapatos.
Vi sus zapatos cafés de cuero, gastados, esos que lucen cómodos y elegantes.
Vi sus zapatos y pensé que era él. Luego pensé que no era el típico lugar en el que él estaría. Me asomé descaradamente para ver su rosto, y noté que no era él.
Claro, no era tu padre, pero fue graciosa pensar en ti al confundir sus zapatos.
