Me pasa desde hace poco, creo que desde que vivo sola, que el tiempo pasa con una rapidez que me deja pasmada. Siempre me hacen falta unas diez horas para hacer todo lo que tengo pendiente, además de lo que quiero, lo que debo y lo que surge sin aviso. Cosas de la edad, digo yo. Había escuchado que con la edad el tiempo se acorta, empiezo a sentirlo de cerca, y la verdad es que me aterra.
Ayer me levanté, pensando en el cronograma del día, y dejé unas cuántas cosas pendientes para hoy, así que espero que este sea un día súper productivo...
Esto del tiempo es tan subjetivo...
A veces uno quiere que el tiempo vuele, sobre todo cuando cuenta los días para que algo suceda, alguien se vaya o vuelva, para tener una respuesta sobre un viaje, un trabajo, una relación; y sin embarto, el tiempo pasa lento, cada segundo nos pesa en la espalda, el reloj no se mueve, el minutero se encoge y el teléfono no suena, por ejemplo.
Y cuando somos felices, cuando queremos que un instante sea eterno, entonces el indescifrable Cronos decide jugarnos a la casita y pasar veloz, dejándonos sin aliento, despeninándonos un poco y recordándonos que la eternidad dura lo que el pestañear... nada.
Sin olvidar el domingo, día insólito, en el que el tiempo transcurre de maner extraña, triste, pesada... Entonces yo me pregunto qué pasa con el tiempo, por qué se prolonga y encoge sin permiso, sin aviso, porqueeeeeeeeeeeeeeeeeeeeé.





